Dicen que no es tan complicado encontrar a personas con gustos musicales parecidos o compatibles. O por lo menos así lo pensaba yo, cuando bien podía hablar largo y tendido con algún amigo sobre alguna que otra banda o artista, o ir a ciertos conciertos juntos. Pero la verdad es que, desde hace unos años, es una práctica que cada vez me resulta más y más difícil.
Para empezar, a lo largo de estos años la música ha ido tomando un significado incluso más grande para mí. Por esa razón, he sentido la necesidad de empaparme de cierta música que antes permanecía oculta, o que simplemente ignoraba. Algo inabarcable. Disfruto escuchando nueva música y, sobre todo, aprender de ella. Resulta maravilloso saber que nunca se deja de aprender, ni de descubrir cosas nuevas.
Es por ello que me apena y me martiriza ver cómo mis amigos se encuentran estancados en música que escuchábamos en la adolescencia, y cómo, para ellos, la música no ha tomado otro nivel más significativo. No quiero decir que sea algo malo, en absoluto, sigue siendo muy buena música, y cada uno tiene sus prioridades. Tampoco es que sea porque interfiera en alguna especie de interés mío o algo parecido; no quiero que esto se tome precisamente como un acto de egoísmo. Simplemente es el hecho de ya no poder compaginar tan a menudo ciertas actividades que para mí tienen más importancia y para ellos no tanta —¿he dicho ya que no era un acto de egoísmo?—, en este caso, relacionadas con la música. No poder hablar de grupos que hayamos descubierto, o de algún disco increíble al que podamos catalogar de “el mejor disco del mundo”. Perdernos tantos conciertos, de buenos artistas, que incluso vienen a Castellón. ¡A CASTELLÓN!
En fin, infinidad de cosas que ahora recuerdo con nostalgia.
Y todo esto ha venido porque ahora me toca ir solo a muchos conciertos. Entiendo que es algo sin importancia, que al fin y al cabo la conexión entre uno mismo y la música resulta una experiencia meramente personal e individual. Pero también creo en otro tipo de conexiones.
—
Este pensamiento, no obstante, no es ni de lejos suficiente para impedir que haga lo que tenga que hacer.
—
¿He de admitir y asimilar la soledad musical? Que alguien se presente, por favor.






